Érase una vez Audrey Hepburn en París, con Fred Astaire dando vueltas a su alrededor, saltando de un balcón y bailando como un torero con un paraguas. Esto sí que suena a chifladura, pero ocurrió en 1957. Y menos mal que ocurrió, porque nos encanta.

A nuestro parecer, «Funny Face» es una gran película. Y tanto que lo es. Es alegre, desenfadada, bailonga y musical. Pero además y sobre todo, es bonita como otras pocas. No digo bonita en tanto que romántica o esperanzadora, que bueno, más o menos también. Digo bonita como un cuadro que te gusta, o como una foto bien tirada. Hay una estética maravillosa que nos captiva desde los espectaculares títulos iniciales. Pero, oiga ¡basta ya! quién quiera ver (y oír) lo que digo, que la vea (y oiga).

Estado de ánimo actual. Entrada triunfante sabiendo que vengo cargado de chorradas que soltar.

En estas líneas no nos seguimos deshaciendo en elogios a la elegancia de Audrey. En vez, nos planteamos una sandez que no lleva a ninguna parte, pero que nos entretiene sacar a relucir. Comienza aquí el post y las memeces. Lo pasado es relleno y pura pamplina.

Lo que planteo es que hay pelis que dan para ir… ¡de lo que no van!

Excuse me?

Excused. Veamos. Si alguien tiene el tiempo y la poca vida social para comprar y leer el magnífico y muy recomendable libro que es: «Cine y Derecho», del ilustre Rafael de Mendizábal, podrá apreciar que con gran criterio y sapiencia, las cintas ahí comentadas versan en su mayoría palmariamente de derecho (se habla de Testigo de Cargo; Doce Hombres Sin Piedad; o Vencedores y Vencidos). Como debe ser y como es evidente.

Para quién no cierre la pestaña de un bufido indignado, mi propuesta es que hay películas que, disfrazadas de musical, son en realidad dignas de estar en ese libro de cine y derecho. Digo que hay momentos en determinadas pelis que las catapultan fuera de su «género» oficial, y las harían merecedoras de constar en alguna que otra lista insospechada.

Comencemos por Funny Face, por eso de mantener el tono.

Peli musical, muy bonita… blah blah blah. Lo dicho. Con lo que ya sabemos, Funny face pertenece sin duda bajo el rótulo de «Top 100 Musicals» o «El cine musical». Vale. Sí. Totalmente de acuerdo. Ahora entramos en el grano fino. Un grano muy (tal vez demasiado) fino para quien no le interese el mundo del derecho, pero en verdad bastante gordo para la gente cuerda que hace otras cosas con su vida.

Yo viendo Funny Face cuando las cosas se ponen mínimamente «jurídicas».

Miento en el pie de foto de antes, porque las cosas en Funny Face se ponen jurídicas muy al principio, desde que los editores de la revista asaltan a la pobre Audrey (que hemos de decir, algo se deja) para que pose para unas fotos en su biblioteca, y justo después la echan a la mismita calle. Por entonces, en pos del ocio, no reparé demasiado en ello y seguí con la película.

El tema medio que se complica y entra en el terreno de los datos personales cuando escapando de la sede de la revista, Audrey ve que la editorial está revelando fotos suyas. Y a ella nadie le ha dicho ni «mú» sobre que van a tratar sus datos. Aquí la vena de jurista ya se hincha, porque a la pobre Audrey la están violando unos cuantos derechos… Pero es que en el mismo clímax de la peli, cuando (spoilers) parece que van a hacer el desfile de moda, pero Fred Astaire se está yendo de vuelta a la «land of the free«, la peli da un giro criminal y se salta toda la normativa de protección de datos que a uno se le pueda ocurrir:

Una que le dice a otra en qué hotel está hospedado Fred Astaire; Otra que llama al hotel, que le confirman que ahí estaba pero que se ha ido a «x» aeropuerto; luego se llama al aeropuerto y el aeropuerto emite a todo volumen su nombre en la terminal… una buena ristra de potenciales incumplimientos, ahora en perjuicio de Fred Astaire. Todo un sindiós.

Pero claro, estos serían incumplimientos de normativa europea y casi 70 años posterior a la peli. No es para echárselo en cara. Estoy diciendo que, para mi sorpresa, Funny Face pertenece a alguna recopilación de «Cine y Derecho«. ¿Quién lo diría?

Otra que, más o menos también de manera imprevista es una peli de derecho es el «El Hombre que Pudo Reinar«, que con permiso del artículo 1.255 del Código Civil, es una peli completamente enmarcada dentro de una divertidísima relación contractual. Para los que no sepan de lo que hablo, la peli va de dos chiflados que se proponen ser reyes de Kafiristán (más o menos) y a tal efecto y al comienzo de la película firman el siguiente contrato:

Esta Contrata entre yo y tú poniendo a Dios por testigo… Amén y etc.

Uno.
Que yo y tú resolveremos este asunto juntos; i. e., ser reyes de Kafiristán.
Dos. Que yo y tú, mientras este asunto se resuelve, no tomaremos nada de Alcohol, ni
a ninguna Mujer negra, blanca o morena, y así no nos mezclaremos nocivamente con
el uno o la otra. 
Tres. Que nos conduciremos con Dignidad y Discreción, y si uno de nosotros tiene problemas, podrá contar con el otro.

Firmado por mí y por ti en el día de hoy.
Peachey Taliaferro Carnehan.
Daniel Dravot.

Ambos caballeros sin domicilio establecido.

I rest my case.

Robert de Niro se ríe en mi cara por lo que viene. Un señor, precisamente abogado, le mira circunspecto.

¡Ey! ¡Robert de Niro y Nick Nolte! Casualmente iba yo a hablar sobre estos ahora.

Otro ejemplo bastante más rebuscado y de mal gusto sería el de considerar «Cabo del Miedo» como peli de «coming of age«. Como disclaimer, nos referimos aquí a la de Scorcesse y no a la original. Porque nos da la gana.

En efecto, «Cabo del Miedo» es más que otra cosa una peli sobre el crimen, como le gustan a su director. Pero yo veo una subtrama bastante potente para meterla como «coming of age«. Estas no son más que historias que cuentan ese periodo en el que un adolescente pasa de tener posters sin marco a tener posters enmarcados. O cuadros. O lo que es lo mismo, la odisea de hacerse mayor.

Pues en «Cabo del Miedo» hay precisamente una adolescente con un papel un poco raro, todo sea dicho, que creo yo que en lo que dura la peli debe haber madurado mil veces más que Lady Bird y los del «Breakfast Club» todos juntos. Quieras que no (spoilers) en su inocencia es víctima de un loco criminal, al que luego básicamente mata sin reparo pero con mucha rabia. Su arco es tremendo y pasa de niña «clueless» a Sigourney Weaver en cuatro escenas. ¡Olé!

Lo mismo con el «Gran Hotel Budapest», que me digan lo que me digan es un «coming of age» como una casa, aunque que yo sepa no suele considerarse como tal. Curiosamente aquí sale, como novieta de Zero, una joven Lady Bird, la adolescente antonomásica del «Coming of Age» cintemporáneo. Pero esto es hilar por hilar así que no entramos.

Son por tanto estas ejemplos de pelis que nunca constarían en libros o listas de pelis de Coming of Age, pero que bien podrían (¡y deberían!).

Me parece que más o menos me expliqué.

Y ya está. No me lío con más ejemplos, que miedo me da darme cuenta yo mismo de que lo planteado se cae antes de levantarse.

¿Recomendación? buscar en las pelis los sub-temas que dan para tema. A ver si dais con alguno.