Y aquí y ahora terminan las navidades y vuelve uno a su vida de verdad. O lo que es lo mismo, abandonamos la de repuesto (es decir, el cine, así a lo Garci), que tan entretenidos nos ha tenido a algunos estas fechas. Con esta triste ocasión, me tomo un minuto para dejar inútilmente por escrito estas líneas sobre algunas de las pelis que he tenido la suerte de ver en el espejismo festivo y azucarado que nos ha arrollado sin compasión.

¿Pero de qué hablas, papanatas? cítame que si estás con esto de Totó y Steve Macqueen es por un clip mio que viste.

Perdonad, el hombre de la foto tiene razón. Lo de la navidad está fantástico, pero realmente esto que me ha dado viene a raíz de un insospechado laureado: Instagram.

Inocentemente andaba con mis quehaceres cuando…. ¡PAM!, como un título de Miguel Noguera me asalta en la red social que alberga Tarde de Peli un clip de un señor que no conozco de nada (el susodicho y fotografiado: Christopher Tin), dirigiendo una interpretación de una de sus piezas. Muy chula por cierto. Tan chula que me puso los pelos de punta. Por supuesto me vi obligado a buscar el número entero en Youtube y verlo. Buenísimo de verdad, palabrita de Tarde de Peli. Dejo link para interesados, aunque con suerte se hace viral y ya lo conocéis.

El caso, que este temón me ha dado que pensar en otros «temones» pero en términos cinematográficos que me han dejado con la boca igual de abierta estas navidades. Difícil tarea elegir unas pocas, porque han caído muchas y muy buenas películas en estas fechas. Algunas ya vistas de antes, y otras que no había tenido ocasión de ver, por suerte o por desgracia.

Si he de rescatar dos, rescato si ningún género de duda La Gran Evasión (1963) y Cinema Paradiso (1988).

¿Por qué solo dos?

Porque me apetece, amigo mío, intrépido aventurero del espacio digital.

Comencemos por la Gran Evasión. De nuevo, just because.

Mirad qué tipo más chulo. Y en moto.

Pues se da el caso que nunca había visto La Gran Evasión. Y mira tú que casi me alegro, porque verla por primera vez fue una suerte y un gustazo. Qué maravilla de historia; y de producción; y de escenarios; y de elenco; y de todo. Pero el «y» que más me marcará, con toda seguridad, viene el último: «y» de banda sonora de Bernstein. Genial. Inaudito lo de esta musiquilla, que me curó un constipado pre-roscón de reyes (me los pasé silbando la melodía que quien haya visto la peli estará tarareando en su cabeza).

Ver a Steve Mcqueen (enorme Steve) jugando con su pelota de baseball en la celda de aislamiento, más chulo que los más chulos, y apadrinando al topillo este que tiene de vecino es un gusto. Ver a Richard Attenborough (extrañamente parecido ahí a Billy Joel) organizando el mejor escape que he visto jamás en una peli es un gusto. Ver a Donald Pleasance hacer de… otro tipo de topo, también es un gusto. Todo en esta peli da gusto. Menos mal que se rodó cuando se rodó y como se rodó. Seré hoy un romántico, pero las limitaciones de lo físico creo que añaden a la sobriedad de la peli. Es decir, que no se anda por las ramas de explosiones ni otras majaderías (más que las contadas y necesarias) y se centra en una historia de amistad, fraternidad y perseverancia.

¿En esto a qué otras me recuerda? Así a bote pronto pensé en Capitanes Intrépidos (1937) y El Hombre que Pudo Reinar (1975). Vedlas también, si os da por ahí.

Ah! cuidadín! Muy curioso ver a Nazis malos (muy malos todo vaya por delante, claro que sí), pero no taaaaaaan inhumanamente malos como siempre, por eso de ser soldados rasos y no de las SS. Por ver, se ven pocas cruces gamadas, lo cual históricamente no tengo ni la más remota idea de si es como debería ser, pero para el espectador medio (no nerd de las guerras mundiales), atempera mucho la dinámica preso-captor en beneficio de la dinámica general de la peli. Todo sea dicho, cuando las SS se meten al lío ya estamos ante los nazis típicamente nazis que son viles y malos malísimos. Aquí no falta de nada.

Sin más, porque no aporto. Pero que si no la tienes vista míratela. Invertirás alrededor de tres horas de tu tiempo mucho mejor que si las metes todas al azul (ejem… Avatar).

Seguimos!!

Alfredo lleva a Totó a ver Avatar 2. Totó medio mosca quería ver La Gran Evasión.

En un cambio de tercio, de ambiente, de género y de todo sin precedentes, viramos a la Italia cincuentera y nos damos de cara y sin previo aviso con un lagrimón de categoría. Pero no de lagrima fácil. No señor. De hecho la lágrima, que sepa yo, cae tímidamente y justito al «Fine».

Bienvenidos a Cinema Paradiso.

Y qué cine.

Y que Paradiso.

Ojo cuidado, porque no veo tan distantes ahora que lo pienso la Gran Evasión y Cinema Paradiso. Después de todo ambas dan vueltas al tema del compañerismo y la amistad. Aunque si en la primera lo abordamos desde el género prácticamente de aventuras, en Cinema Paradiso nos metemos en el drama dramón (eso sí con muchas perlas cómicas).

Cinema Paradiso es una especie de regalo a los aficionados al cine (es decir, para mí, los cinéfilos: véase). Alfredo cita a John Wayne cada cuatro aceitunas. La gente hace cola en el cine como si regalaran dentro torrijas en semana santa. Se muestran extractos de la Diligencia y otras muchas pelis que ni conozco, seguro clásicos del cine italiano… Es una especie de obsequio que Tornatore nos ha preparado para que nos quedemos con la cara de pasmados de Totó Joven durante una hora cuarenta minutos; y con la cara lacrimógena de Totó adulto durante el tiempo restante.

Peeeeero medio que va con trampa el asunto, claro. Porque cualquier trocito de cualquier película que tengas se lo das a Morricone y te lo eleva a la décima potencia. La banda sonora es una maravilla, icónica como otras pocas. No sé si será cosa mía, o si estará muy claro (porque no he hecho research ninguno), pero entre la banda sonora y las escenas de Totó mirando por el huequillo ese que tiene desde la sala de proyección, yo no podía parar de pensar en Érase una Vez en América (1984). Peli que considero hermana de Cinema Paradiso sin mucho motivo realmente, porque esta otra que cito va de mafiosos bastante poco recomendables. Pero como decía antes, aquí no estoy para justificarme.

¿Conclusión? Que me tiene ganado Tornatore, y que cuando la veas te plantearás dejar tu emocionante trabajo de oficina para seguir tu sueño de poner una librería cafetería ochentera con pista de patinaje en línea incluida, o cualquier otra majadería. Todo por la maldita escena de Totó adulto haciendo historia del cine.

Amigo internauta despistado, te dejo captura para que puedas saber de qué hablo:

Este soy yo escuchando lo de Chistopher Tin que decía al principio. LAAAA LA LA LEEEO

Diantres, que me olvidé de Chistopher.

Creo que si tienes la suerte de haber visto ya estas dos pelis, es posible que hayas caído en la cuenta de lo que hermana ambas cintas con el majete compositor culpable de que leas esto.

Decía antes que al escuchar lo de Christopher se me pusieron los pelos de punta. Pues bien, escuchando los acordes iniciales de La Gran Evasión también se me pusieron los pelos de punta, y escuchando los acordes finales de Cinema Paradiso se me pusieron los pelos de punta y el estómago en la garganta. Y eso es magnífico, y es porque detrás de estas pelis están Bernstein y Morricone.

En efecto, la clave está en la música.

Quítale a John Williams a la Lista Schindler; o a Hans Zimmer a Interstellar; o a Mancini a Desayuno con Diamantes. O qué se yo. No podemos entender el cine sin la música, aunque puedas venir y sacarme a relucir No es País Para Viejos. Excepciones nada más.

El cine tiene la capacidad de emocionar contando historias. Historias enormes como en la Gran Evasión, o más pequeñitas, como en Cinema Paradiso. Es igual lo que cuentes, que si lo cuentas bien y alguien te bendice con Morricone, tendrás a toda Italia y medio mundo mirándose al espejo, y viéndose a sí mismos en Totó adulto en la sala de cine, admirando con la boca abierta y los pelos de punta a un señor llorar viendo recortes de besos.

Besos, nunca mejor dicho, de película.

Esto si que es un beso de película, Tobey Maguire.

Pues esto es lo de Steve Mcqueen, Totó, Alfredo, y los pelos de punta. Culpa de Christopher Tin, ya os dije.

Y yo me pregunto, ¿para cuando veremos a Christopher Tin a la batuta de algo de Dennis Villeneuve? Por decir a algún director así jugoso.

Lo importante es verle más y más a menudo en esto del cine, que la puede liar pero bien.