La Pesca del Salmón en Yemen… qué queréis que os diga. No está mal. Pero no es mi pesca favorita. Por pescar la verdad que no pesco, ni pretendo pescar. No es que tenga nada en contra de la pesca en sí. Simplemente no me apetece mucho, ni me genera curiosidad, intriga ni interés.

Lo que si me genera curiosidad, intriga e interés es el tipo de pesca que hace David Lynch.

JA! y a quién no?

A mi madre, por ejemplo. David Lynch le importa un comino, pero gracias por participar.

David Lynch y un compañero de fatigas. David es el de la derecha.

Hay mucha leyenda alrededor de David. Normal que la haya, a la vista de las auténticas chifladuras que salen de su cabezota. Cuando uno ve Mulholland Drive tal vez no lo sepa, pero no vuelve a ser el mismo. No obstante, la leyenda de Lynch va mucho más allá de sus películas. Él mismo desprende un aura excéntrica, como bohemia punk muy particular. Ni idea de qué diantres significa esto de bohemia punk, pero me ha salido así, así que así se queda.

Pero no estamos aquí para disertar sobre las majaderías de Lynch. Al menos no directamente. Estamos aquí para hablar de la pesca, y de paso, recomendar un libro.

Me explico.

En más de una entrevista, quien siga a Lynch le habrá escuchado hablar del origen de sus ideas locas. Para él, parece que las ideas son como peces que existen en algún plano esotérico, ajenas a nuestra realidad cotidiana. El trabajo de Lynch como artista, que no solo como director de cine (porque también es pintor o carpintero entre otras cosas), es «pescar» esas ideas. Para ello comenta que debe estar tranquilo y en silencio, buceando por su mar de ideas chifladas.

Entonces, si tiene suerte, pesca una gorda.

Es un planteamiento fantástico el suyo. Ver a David Lynch hablar de su proceso es hipnótico, porque a él mismo le fascina. Le fascina que en un momento puedas estar en silencio como en trance, y que de golpe te asalte una idea que antes no existía en ningún otro lado. Como por generación espontánea, aparece algo con potencial de convertirse en una película. Qué se yo, puede venirte a la cabeza una oreja en un prado, cubierta de bichos y gusanos, y un sentimiento de corrupción y perversión total.

Y ahí comienza el verdadero trabajo. En convertir esa oreja en Blue Velvet.

Porque una cosa es pescar una merluza, y otra es hacerla bien en salsa verde.

Para Lynch, la idea es únicamente el punto de partida, pero lo verdaderamente complejo es trasladar esa gran (o pequeña) idea a la gran (o pequeña) pantalla.

Y no puedo estar más de acuerdo con ello, por si a alguien le interesara.

Twin Peaks, de David Lynch. Perfectamente jugosa y ejecutada.

Y por esto que comento, cuando veo una peli de Lynch ni se me ocurre por un solo momento encontrarle una moraleja, una intencionalidad, o un sentido si quiera. Hablo ahora sin fundamento (como siempre, por cierto), pero creo yo que en muchos casos ni el mismo Lynch tiene en mente un mensaje. Lo que tiene en mente es una idea, una semilla que puede empezar como un cuerpo WRAPPED IN PLASTIC!!!; y acabar en una logia chunga en la que la gente habla del revés.

Pero basta ya de Lynch, que en el título del post se cita «La Trama».

Pues bien, esto de «La Trama» es un librillo bastante majo que trata un tema algo parecido a lo comentado sobre la pesca de ideas. Sin desvelar más que su propia sinopsis, «La Trama» cuenta la historia de un escritor que se ve catapultado al éxito más exagerado que se te ocurra después de publicar una novela cuya idea fundacional fue pescada por medios algo… dudosos.

Básicamente, se la oye a un alumno suyo que luego muere antes de llegar a publicar nada. Y oye, It’s free real state, ¿no?

El protagonista va y la desarrolla, mima y escribe. Pero la idea no la pescó él. La pescó un pobre que por entonces está… a dos metros bajo tierra.

Este es el libro. Compradlo, piratas.

Para mis amigos expertos en propiedad intelectual será un buen libro para sacar a relucir todo lo que saben sobre el tema.

Para el resto de amigos menos doctos en el asunto, será una novela entretenida para pasar un finde.

Pero… para los muy selectos e ilustres lectores de este desdichado blog (si es que los hubiera, más allá de mi padre y algún otro pobre aburrido), será una buena oportunidad para sopesar el peso de la pesca de ideas en el proceso creativo.

Este libro hay que leerlo con Lynch en la cabeza. De hecho por momentos parece que la autora haya estado visitando extractos de entrevistas del susodicho, porque el agobio interno que corroe al protagonista es tal cual sacado de lo que comentamos sobre la pesca de ideas.

¿Es más meritorio pesar una idea con gancho, o plasmarla bien en blanco sobre negro?

No seré yo, faltaría más, quién conteste a esa pregunta.

Me limito a dejaros aquí un video muy divertido, y bonito también, de Lynch, donde al final comenta lo de la pesca de ideas.

Un hombre se queja de este post. Quiere terminarlo y volver a jugar con sus amigos en la calle, que hace buen día.

Ya acabo, Scheider.

Por último, aprovecho a recomendaros que si no lo habéis hecho, veáis alguna de las pelis de Lynch. Aunque vuestra señora madre os mire raro si pasa por delante de la tele y ve a Nicholas Cage bailando en una chaqueta de piel de serpiente. Merece la pena.

Ah, y viva Twin Peaks. Siempre.