En la vida de un cinéfilo hay un momento en el que uno se da cuenta de que la temporada de premios, o como dicen los americanos, el «Award Season» (ese periodo primaveral que tiene como colofón los Oscars a mediados de marzo), destaca más (y mucho más) por ser época de ciruelas, y fresas, que de premios.

Esto es: que en algún momento del viaje vital de los que nos tragamos las chifladuras que se les ocurren a nuestros estimados directores y guionistas, nos hartamos de las pamplinas que se escuchan en el Dolby Theater, aledaños, y Twitter (y eso que no usamos Twitter). Señoras, señores: los Oscars nos importan cero patatero.

Lo dijo!

Lo dije, ¡aúpa!

Y el caso es que, por obvio que resulte, nunca comulgué con la idea de premiar a una expresión artística como mejor o más meritoria que otra. No señor. Y no digo que una peli no me pueda parecer a mí mejor que otra. Lo que digo es que no creo que un grupete de señores estén en posición, por doctos que sean, de decir que Tapón actuó este año mejor que Ojo Loco Moody. Eso lo dirán ustedes, amigos.

No se me enfaden, que Tapón lo hace muy bien en la peli de las locuras multiversas. Esto que digo lo digo por quejarme, thats all.

Retomo.

Mi indignación es bastante estúpida, porque saben desde Monesterio hasta Reinosa que los Oscars no son más que un anuncio que se inventaron entre los coleguitas de la industria en el momento de los grandes estudios para vender sus pelis y estas cosas. Y olé, bien por ellos. Pero no deja de irritarme este «tier listing» supremo de películas que ocurre de cuando en cuando. Y seamos sinceros, cuando más me irrita es cuando no premian a las pelis que me gustan, que para algo somos seres interesados y tendenciosos.

Y este año ha habido un Oscar que me ha irritado sobremanera, por eso de ver como se lo daban a quien no era mi favorito. Como podrá haber adivinado quién tenga ojos que le permitan ver y leer, ese Oscar tan molesto para mí no fue otro que el de mejor banda sonora original.

¿Habéis oído hablar de Babylon?

Una abogada jaleada por sus compañeros después de que termine de revisar un documento muy largo que tenía en su tejado. Una mano extrañamente fascista se asoma en la esquina izquierda.

Pues Babylon a mí, personalmente, me pareció un auténtico PEPINAZO. Es una pasada de película totalmente excesiva, descontrolada, super exaltada y frenética que me dejó, casi literalmente, sin palabras. Pero, soooooo, ¡vaquero! porque no vengo aquí a alabar a mi admirado Damien Chazelle. En esta ocasión al que alabo es a mi admirado Justino. O como le dicen en la tierra de los Slurpees de kilo doscientos: Justin Hurwitz.

Este chico es el que hace las bandas sonoras para las pelis de Damien Chazelle, así en resumen. Podéis pensar en él como el John Williams de Spielberg, el Ennio Morricone de Sergio Leone, o el Hans Zimmer de Nolan hasta que Villeneuve le secuestró y le mandó para Arrakis sin billete de vuelta. Pues bien, Justin mola. Mola bastante es más. Y la banda sonora que se sacó de la manga para Babylon es una apisonadora maravillosa. En mi humilde opinión, muchísimo más meritoria e icónica que la premiada (la de «Sin Novedad en el Frente»). Todo sea dicho, la de esta última también es muy chula, sobre todo en los acordes medio Blade Runner que sueltan de cuando en cuando. Pero…. Come on.

Y así andaba yo acordándome de los familiares de los integrantes de la academia, por la infamia horrible y sangrante que me habían hecho a mí, personalmente y sin reparo ni perdón, cuando para mi mayor desaliento decidí tirar del hilo.

¿Cuántas otras veces la academia se propuso herir mi importantísima sensibilidad, premiando a bandas sonoras que no me gustan tanto como otras nominadas en esa misma edición de los Oscar?

(no entramos en el debate de qué pelis se nominan, porque tengo que hacer otras cosas más allá de quejarme desde esta miserable dirección IP).

Y claro, como vi que desde los finales de los 20′ hasta esta fecha había demasiadas ediciones como para hacer un estudio comprehensivo del asunto (porque como ya sabéis, lo que se escribe en este blog sale Raw según se me ocurre), decidí mejor quejarme de tres o cuatro ejemplos que tengo bien grabados en la cabeza. Lo que sigue, así las cosas, es un simple berrinche infantil. Aunque más bien podéis tomarlo como un elogio u homenaje a estas otras bandas sonoras que, aún Oscar-less, molan mogollón.

Así me siento hablando de este tema. Yo, que no sé la diferencia entre una corchea y una aspiradora. Tampoco llegué a entender nunca lo de la clave de sol, ni mucho menos como dibujarla.

Comenzamos por todo lo alto. Con un clásico entre los clásicos. Con una peli del oeste, o como prefiero llamarlas yo, aunque por salir no salen casi, una peli de vaqueros. Hablamos de «Los Siete Magníficos», dirigida por John Sturges y con un legendario Elmer Bernstein a la batuta. El soniquete es probable que lo conozcáis aún si no habéis visto la peli. Es más, la peli es probable que os suene aunque no la hayáis visto. Tal es el nivel de mito que tienen estos siete amigotes liderados por un genial Yul Brynner y otro antológico y como siempre rechulo Steve McQueen. No nos liamos con el plot de la cinta. Nos centramos en recordar la esencia del Western que traslada Bernstein como nadie en cada plano, destacando su tema principal muy notoriamente. Magníficos los siete, y magnífica la banda sonora, que para mi desgracia e indiferencia cayó rendida ante «Exodus», de la que para ser totalmente sincero, sé lo mismo que de hacer raíces cuadradas sin calculadora. Es decir, sé que el concepto existe, pero poco más.

Next.

Otra indignación asquerosa, repulsiva, es que en 2014 no ganara Interstellar, de Hanstonio Zimmer. Lamentable en todas las acepciones de la palabra, pero especialmente en la tercera: «Que infunde tristeza y horror». Pues eso, horror por mi parte ver que se quedó sin el inútil Oscar el pobre Hans, al que espero que le importara todo este asunto tres pimientos. Ese año, al menos, me consuela que ganó Alexandre Desplat (del que soy un enorme admirador) por el «Gran Hotel Budapest». Por mi, les daba un Oscar a cada uno, y una media luna de jamón y queso. Meritorios trabajos los de ambos, sin duda. Pero con pena en el corazón por Alejandro, me sumo al carro de Hans en esta ocasión. Mea Culpa.

Next.

¿Os acordáis de Elmer Bersntein? ¿Y de John Sturges? Espero que sí, porque solo hace un párrafo de ellos. Y ya están de vuelta. Y esque resulta que solo tres años después de «Los Siete Magníficos» los de la academia decidieron arruinar mi existencia un poco más volviendo a no premiar al dúo por su trabajo en «La Gran Evasión», de la que somos más devotos que de muchas otras cosas. Era 1963, y alguien tuvo la maravillosa idea de ni nominarla. Indignante. Ese año ganó Addinson por Tom Jones. Ni idea de qué va el asunto, no me molesté en verla ni escucharla, lo siento amigos. El tema es que Steve McQueen saltando en su moto por las colinas esas tan verdes y tan bonitas que le pusieron enfrente, con la marcha emblemática de Bersntein de fondo se merecía mucho más (porque lo digo yo, vaya).

Next.

Mirad, esto es lo que digo de Steve Mcqueen y la moto en la colina.

Disculpad la chapa. La foto la pongo para daros una alegría de vez en cuando.

!Ya queda menos!

Pues eso, Next.

En 2010 hay de hecho dos robos infames. Pero vengo hablar en concreto de uno de ellos. Robaron a John Powell el Oscar por «Cómo Entrenar a tu Dragón». Esto me llena de tristeza, porque si la peli en sí es una maravilla, lo es muy en parte a los temones que aquí el amigo decidió componer como quien no quiere la cosa. Si queréis cotillear alguno, supongo que deberíais empezar por «Test Flight«, pero en verdad, con que enchuféis la peli, en cualquier momento en el que la pongáis seguramente pilléis un momentazo musical de levantarse a aplaudir. Pues eso. Ese año ganó la «Red Social» en esta categoría. No desmerezco su trabajo, pero siendo sinceros, desde que la vi nunca pensé en volver a escucharla, así que o tengo muy mal gusto y mala memoria (esto último es una certeza, y lo primero supongo que también), o simplemente no me merece tanto la pena como la del amoroso dragonicto desdentado. Bravo. Ah, el otro birlado fue, de nuevo, Hanstonio Zimmer por Origen… Como si nada vaya.

Voy a ir cerrando porque se va de largo esto.

Como decía, estas son las que me indignan más a menudo, aunque por haber hay otras tantas sobre las que podíamos quejarnos largo y tendido. No ganó John Williams por «La Última Cruzada» (aunque ganó Menken por «La Sirenita», que está bastante bien), ni por «Solo en Casa». Tampoco ganó Silvestri por «Forrest Gump», ni por «Regreso al Futuro» (sin nominar esta última si quiera, si no recuerdo mal…).

Pero ya está. Que esto sirva (se que no sirve para nada) para dejar constancia de que los Oscars hay que tomárselos muy poco en serio. Si premian a la peli que te gusta, te dará alguna pequeña alegría insustancial. Si no se lo dan, puedes pasarlo por alto y no darle importancia

También puedes hacerte un blog que solo lee tu familia y despotricar por ahí. Its a Wonderful Life!!.

Ah, a a Bersntein también le robaron «Matar a un Ruiseñor». Al menos se la robó Lawrence de Arabia, así que dentro de lo que cabe, podré dormir esta noche.

Au Revoir, Soshanna!

Un saludo del más grande.